Drama de la Pasión

"UNA SEMANA SANTA DIFERENTE"

 

“UNA AUTÉNTICA UTOPÍA HECHA REALIDAD”


La paciencia, el cariño y  el trabajo de un pueblo, han hecho de la SEMANA SANTA VIVIENTE de Cuevas del Campo una verdadera joya para la eternidad.

Todo el mundo habla maravillas después de la VIII edición. Valga como ejemplo el reportaje que escribe de nosotros la Guía CAMPSA compararándonos con Sevilla...

“Época de descanso, recogimiento y fervor, la Semana Santa tiene múltiples facetas y celebraciones milenarias dentro de la geografía española. Todas ellas guardan, como común denominador, la pasión de comunidades enteras capaces de emocionar, de acercar un poco más el cielo.

 
Entre palmas y olivos

Cada rincón en España se funde en el llanto, pena y dolor del sacrificio de Cristo. Aunque la Semana Santa en Sevilla acapare en su espectacularidad los aplausos internacionales; son innumerables los puntos geográficos donde la pasión es, como en la capital andaluza, inconmensurable.

Comunidades enteras rinden, con intenso fervor y sincera humildad, pleitesía al calvario padecido por Cristo.


Una Semana Santa Viviente en Cuevas del Campo, Granada

La localidad granadina de Cuevas del Campo, municipio de 2.300 habitantes de la zona norte de la provincia de Granada, se convierte estos días en el real espejismo de la ciudad de Jerusalén hace más de dos milenios. Basada con escrupulosa fidelidad en el Evangelio de San Mateo y con la participación de todo el pueblo, la Semana Santa Viviente ha sido reconocida, por su profesionalidad y espectacular belleza como Fiesta de Interés Turístico Nacional de Andalucía, además de recibir galardones de la talla del Premi Generalitat de Catalunya 2001, Premi Internacional Mundo Teatre 2004 - uno de los principales galardones europeos de teatro amateur - y dos premios Padul Cófrade 2006 a la imagen y al contenido.

La localidad ha conseguido congregar a lo largo de sus ocho pasadas ediciones a más de 60.000 visitantes, con una media anual que aumenta vertiginosamente.

En un parpadeo que supone miles de esfuerzos, el pueblo despierta el Domingo de Ramos completamente transformado. Más de 600 actores con trajes similares a los de la época del emperador Tiberio copan las calles y recrean “los oficios perdidos” de la época, así como actividades gastronómicas, de tal forma que el pueblo entero se convierte en un gran escenario, en un impoluto túnel del tiempo.

En Viernes Santo tiene lugar el acto central, el Drama de la Pasión, una “silenciosa” representación - apenas se enumeran 30 frases en sus dos horas y media de duración- en la que brillan el esmerado diseño de los trajes, la elaborada banda sonora, la belleza natural de los enclaves y la extrema profesionalidad y pulcritud en la interpretación de los actores. Por un día, panaderos, boticarios, alcaldes, gestores, carpinteros ponen su talento al servicio de la pasión de sus personajes. Previo a la obra, que tiene lugar en el ocaso, se celebra un mercado judío de viveza y colorido inigualables, idéntico a los que debieron celebrarse hace ya más de 2000 años.

(GUÍA CAMPSA 2.008)”.

 

NUESTRA VIII SEMANA SANTA VIVIENTE

 

Jesús de Nazaret, la Virgen María y las Santas Mujeres, Poncio Pilato y sus Senadores, Caifás y los Sumos Sacerdotes del Sanedrí, el ejército romano con los  mejores caballos de Iberia -jinetes incluidos- del emperador Tiberio; José de Arimatea, la Verónica junto con el pueblo hebreo, la recuperación de los oficios, el Mercado Judío, la ambientación de la ciudad sagrada, el pueblo hebreo con todos sus figurantes, la Banda de Tambores, los animales de carga con sus arrieros, el ganado  de ovejas y sus pastores; todos los equipos de trabajo, cada uno en su sitio, como tiene que ser. Sólo esperan una señal.

 
¡Son las cinco en punto de la tarde! La ciudad se activa, milagrosamente, a la vez como por arte de magia; todo comienza  a funcionar a la perfección.

 
Miles y miles de personas venidas de lugares inimaginables -¿Roma, Siria, Líbano, Egipto, islas griegas...?- han quedado atrapadas misteriosa e inamoviblemente por el túnel del tiempo que les hemos preparado, intencionadamente. No saben lo que les espera. Ni lo sueñan.

 
Todo está a punto después de un año de intensísimo trabajo. La utopía está a punto de hacerse añicos -una vez más- ante el rigor histórico y la belleza de la puesta en escena de nuestra Semana Santa Viviente o por el gran esfuerzo, trabajo, tesón, ilusión y el cariño en el buen hacer de las cosas de toda la comunidad de Cuevas del Campo.

 
Así está nuestro pueblo hoy, convertido en la auténtica ciudad de Jerusalén de hace más de dos milenios, con sus oficios recuperados, ladronzuelos, vendedores deambulando por sus calles míseras y su viejo Mercado Judío lleno de ruidos y mercadeo; el “Pretorio” de Pilato con su guardia personal, criados y damiselas; y llegados del “tajo” los hombres del espato y sus niños, haciendo presente a nuestros antepasados cueveños, como en un abrir y cerrar de ojos, los esparteros y sus  niños; las burras con los  aperos de antes y los pastores con el ganado, pasando frente al palacio del gobernador de Judea con todo su estruendo, defecaciones en ruta y balidos; en días de frío intenso se refugiarán muy cerca de nuestra ciudad.

 
Es la época ¿gloriosa? del emperador Tiberio, el año treinta y tres después de Cristo, reflejada en su indigencia y grandeza al mismo tiempo. Aquí, en Jerusalén, está a punto de suceder una gran tragedia; se siente por todos los rincones y calles de este entrañable pueblo: Jesús de Nazaret ha sido condenado a morir en la cruz, junto a dos ladrones más. Su ejecución es cuestión de minutos o quizá de horas.

 
La parada en el Mercado Judío con su exposición de aves rapaces y los juegos de cetrería –nueva este año-, hace más creíble a nuestro visitantes del lugar en el que se encuentra en estos momentos, en la realidad de la época cuando le ofrecen los diferentes productos de aquella zona, así como gran cantidad de remedios y plantas medicinales que, sin duda, curarán  sus diferentes enfermedades por malignas que estas sean.

 
Más de uno (nunca en la Jerusalén de nuestro pueblo se habían visto tanta gente junta)  se sintió transportado al interior de este drama para ver morir al Nazareno, en el Gólgota junto a dos malhechores. Sin duda, no podrán olvidar tampoco donde se estaban cuando oyeron los látigos golpear, una y otra vez, la espalda de Jesús.

 
La armonía profundamente plena de sentimientos, la serenísima paz interior de las escenas más impactantes del recorrido con el Cristo azotado con crueldad o subiendo por la Vía Dolorosa hacia la cueva de Parejo, hoy convertida en monte Calvario.

 
La Verónica, con la “santa faz” entre sus manos y las lágrimas en sus ojos; la profundidad y dimensión mística del Drama de Pasión contrasta con el bullicio, los latigazos, el alboroto o los sonidos orientales del mercado judío, con su música peregrina y monótona hasta el cansancio; los gritos de reclamo del vendedor  ambulante y vociferante, que casi siempre tiene éxito en su incómoda tarea, pues alguno acabará comprando o vendiendo su mejor mercancía; el proceso del amasado del pan desde la molienda del trigo, la confección de los adobes, las lavanderas, degranadoras de panizo, partidoras de aceitunas o almendras.

 
 No falta un solo detalle, ni siquiera ¿el olor a incienso? que se entremezcla con la brisa entre los puestos, el ruido y la música con más de seiscientas personas –actores, actrices, figurantes, técnicos, colaboradores, Banda de Tambores y otros, participando en la representación de nuestra VIII Semana Santa Viviente. Y el que “tenga ojos para ver que vea” el gran milagro de Cuevas del Campo que dejan con la boca abierta a las miles de personas que cada año nos visitan.

 
 ¿Hay algo más? Yo creo que sí, en el fondo, nos queda un pueblo entregado plenamente y sin descanso a este gran proyecto, ya, totalmente realizado y bordado con letras de oro en los anales de nuestra historia cueveña, porque hemos sido pioneros en esta actividad tan importante y complicada, con sumo esfuerzo e ilusión inimaginables.

 
De todo esto, lo más importante ha sido el trabajo de todos, en el que no hubo persona más importante que otras, sino la unión de una fuerza viva, de un gran equipo con vistas de futuro trabajando en un proyecto impensable unos años antes. Solo el talento, la imaginación, la generosidad, el tesón y la constancia nos han dado de nuevo, sin lugar a dudas, en esta octava edición, más éxito del esperado: la inmortalidad cultural en el libro de historia de los pueblos.

 


Camino del Gólgota

 

 Y de blasón o corona de nuestro el pueblo como punto de mira y referencia de todos, por un trabajo bien hecho y de gran calidad.

 
 Fue una maravillosa e inolvidable semana de marzo, donde en un “elegantísimo cóctel dramático” se mezcló hábilmente el grano de arena bien laborado de cada uno de vosotros, surgiendo así el gran éxito de nuestra Semana Santa Viviente, con una escenografía preciosa y llena de sentimientos profundos, que hicieron brotar palabras y gestos de admiración de todas aquellas miles de almas emocionadas que nos visitaron -alguno ha vuelto más de una vez para repetir la visita- con la actuación de estos actores, actrices, figurantes, y colabores aficionados salidos del alma de este entrañable pueblo del Altiplano de Granada.

 
Finalmente mi agradecimiento personal y cariñoso a nuestro Ayuntamiento, a nuestra Parroquia, a los medios de comunicación de toda España y muy especialmentemente a todos aquellos que lo habéis dado todo a cambio de nada, porque en momento justo supisteis poner al servicio de nuestra Semana Santa Viviente todo aquello que siempre necesitamos para llegar a ese buen fin.

 

También quiero destacar la grandeza de la gente de Cuevas del Campo por la elegancia y belleza tan extraordinaria que ponen en la representación,  la disciplina militar de los soldados romanos desfilando o paseando por el mercado judío, por la alteración y el enfado transmitido al pueblo por Caifás y los Sumos Sacerdotes desde la terraza del Pretorio; por la maravillosa armonía colectiva y el impresionante buen hacer de los figurantes como pueblo judío que con sus voces, movimientos, trapicheos y buen hacer, siempre estuvieron llenos de dignidad conjugada por la belleza de su precioso vestuario, confeccionado minuciosamente con todo mimo y cariño por un numeroso grupo de laboriosas y encantadoras mujeres del equipo de vestuario, al equipo de sonido, servicio de organización -nunca funcionó tan bien-, por su escenario natural y el entorno de las calles y lomas, que dejaron atónitos -una vez ambientados- a propios y extraños ante tanta belleza…

 
Y nada más. A todos, ¡GRACIAS!

       Antonio V. Martínez

     Semana Santa Viviente                    

                Director

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